Recopilación de poesías de amor que nos ofrece la literatura hispana. Es nuestra obligación difundir este rico legado y contribuir con nuevas obras.
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¡Que es poesía!, Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú. Gustavo Adolfo Bécquer Te siento cada día rozándome invisible sutilmente impalpable. Y aunque sé que siempre te he llevado conmigo eres siempre la suave, dulcemente imposible lejanía luminosa... Te siento cada día cantar, mas no sé donde. Eres algo que vive más allá de mí mismo y aunque siempre eres nube y horizonte lejano ¡sentí tu beso sobre mi alma! Mi espíritu solitario te sueña en todas las cosas Mi alma te busca tras toda emoción ¡Mi camino está lleno de tu nombre! ¡Lejana!...¿Dónde estás?...¿Dónde estás? Renato Huerta Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso..., yo no sé que te diera por un beso. Gustavo Adolfo Bécquer Rubios, pulidos senos de Amaranta, Por una lengua de lebrel limados. Pórtico de limones, desviados Por el canal que asciende a tu garganta. Roja, un puente de rizos se adelanta E incendia tus marfiles ondulados. Muerde, heridor, tus dientes desangrados, Y corvo, en vilo, al viento te levanta. La soledad, dormida en la espesura, Calza su pie de céfiro y desciende Del olmo al mar de la llanura. Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende Y gladiadora, como una ascua impura, entre Amaranta y su amador se tiende. Rafael Alberti Si yo te odiara, mi odio te daría En las palabras, rotundo y seguro; Pero te amo y mi amor no se confía A este hablar de los hombres, tan oscuro. Tú lo quisieras vuelto un alarido, Y viene de tan hondo que ha deshecho Su quemante raudal, desfallecido, Antes de la garganta, antes del pecho. Estoy lo mismo que estanque colmado Y te parezco un surtidor inerte. ¡Todo por mi callar atribulado que es más atroz que el entrar en la muerte.! Gabriela Mistral ¿Será verdad que cuando toca el sueño con sus dedos de rosa nuestros ojos, de la cárcel que habita huye el espíritu en vuelo presuroso? ¿Será verdad que, huésped de las nieblas, de la brisa nocturna al tenue soplo, alado sube a la región vacía a encontrarse con otros? ¿Y allí desnudo de la humana forma, allí los lazos terrenales rotos, breves horas habita de la idea el mundo silencioso? ¿Y ríe y llora y aborrece y ama y guarda un rastro del dolor y el gozo, semejante al que deja cuando cruza el cielo un meteoro? Yo no sé si ese mundo de visiones vive fuera o va dentro de nosotros: lo que sé es que conozco a muchas gentes a quienes no conozco. Gustavo Adolfo Bécquer Amarte sin invadirte, multiplicarte sin perderte, decirte sin traicionarme, guardarte sin poseerte, y, así, ser yo mismo en lo más secreto de ti. Pablo Neruda Las ropas desceñidas, desnudas las espadas, en el dintel de oro de la puerta dos ángeles velaban. Me aproximé a los hierros que defienden la entrada, y de las dobles rejas en el fondo la vi confusa y blanca. La vi como la imagen que en un ensueño pasa, como un rayo de luz tenue y difuso que entre tinieblas nada. Me sentí de un ardiente deseo llena el alma; como atrae un abismo, aquel misterio hacia si me arrastraba. Mas, ¡ay!, que de los ángeles parecían decirme las miradas: -El umbral de esta puerta sólo Dios lo traspasa. Gustavo Adolfo Bécquer Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos, al través de una gasa de polvo dorado e inquieto, se me antoja posible arrancarme del mísero suelo y flotar con la niebla dorada en átomos leves cual ella deshecho. Cuando miro de noche en el fondo oscuro del cielo las estrellas temblar como ardientes pupilas de fuego, se me antoja posible a do brillan subir en un vuelo, y anegarme en su luz, y con ellas en lumbre encendido fundirme en un beso. En el mar de la duda en que bogo ni aún sé lo que creo; sin embargo estas ansias me dicen que yo llevo algo divino aquí dentro. Gustavo Adolfo Bécquer Tú eras el huracán y yo la alta torre que desafía su poder: ¡tenías que estrellarte o que abatirme! ¡No podía ser! Tú eras el océano y yo la enhiesta roca que firme aguarda su vaivén: ¡tenías que romperte o que arrancarme! ¡No podía ser! Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados uno a arrollar, el otro a no ceder: la senda estrecha, inevitable el choque... ¡No podía ser! Gustavo Adolfo Bécquer Besa el aura que gime blandamente las leves ondas que jugando riza; el sol besa a la nube en occidente y de púrpura y oro la matiza; la llama en derredor del tronco ardiente por besar a otra llama se desliza y hasta el sauce inclinándose a su peso al río que le besa, vuelve un beso. Gustavo Adolfo Bécquer Antes que tú me moriré: escondido en las entrañas ya el hierro llevo con que abrió tu mano la ancha herida mortal. Antes que tú me moriré: y mi espíritu, en su empeño tenaz se sentará a las puertas de la Muerte, que llames a esperar. Con las horas los días, con los días los años volarán, y a aquella puerta llamarás al cabo... ¿Quién deja de llamar? Entonces que tu culpa y tus despojos la tierra guardará, lavándote en las ondas de la muerte como en otro Jordán. Allí, donde el murmullo de la vida temblando a morir va, como la ola que a la playa viene silenciosa a expirar. Allí donde el sepulcro que se cierra abre una eternidad, todo lo que los dos hemos callado lo tenemos que hablar. Gustavo Adolfo Bécquer